jueves, 1 de marzo de 2007

Abstinencia




Una copa de vino diaria amplía hasta casi cuatro años la vida de los hombres, según un estudio de la Universidad Wageningen y el Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente en Bilthoven (Holanda) que muestra que consumir una pequeña cantidad de alcohol a diario podría estar asociado con un aumento en la esperanza de vida. Las conclusiones de la investigación se han hecho públicas durante la conferencia anual de Epidemiología y Prevención de la Enfermedad Cardiovascular que se celebra en Orlando (Estados Unidos).

Los investigadores descubrieron que el consumo diario de una bebida con alcohol al día estaba asociado con una menor tasa de muerte cardiovascular y de todo tipo. Al comparar licores y cerveza, el consumo de pequeñas cantidades de vino, de aproximadamente media copa al día, estaba asociado con los niveles más bajos de mortalidad.

En el estudio participaron 1.373 hombres nacidos entre 1900 y 1920 que fueron encuestados
en detalle sobre su consumo de alcohol en siete ocasiones en 40 años. Los participantes que procedían de Zutphen, una ciudad industrial de la que el estudio tomó su nombre, fueron seguidos hasta su muerte o hasta el final de la recopilación de los datos a mediados del año 2000. Los cuestionarios incluían hábitos de consumo de alcohol, dieta y tabaquismo, índice de masa corporal, prevalencia de ataque cardiaco, ictus, diabetes y cáncer.

Los investigadores descubrieron que un consumo bajo de alcohol a largo plazo de menos o igual a 20 gramos al día en comparación con no tomar nada estaba asociado con un 36 por ciento menos de riesgo de todo tipo de mortalidad y un 34 por ciento menos de riesgo de mortalidad cardiovascular.

Cuando los investigadores examinaron de forma independiente el consumo de vino, la disminución del riesgo fue menor. Los participantes que bebían una media de media copa de vino al día durante un periodo prolongado de tiempo tenían un 40 por ciento menos de tasa de mortalidad de todo tipo y un 48 por ciento menos de incidencia de muerte cardiovascular en comparación con los no bebedores.

Según los investigadores, la esperanza de vida fue 3,8 años mayor entre los hombres que tomaban vino en comparación con aquellos que no tomaban bebidas alcohólicas. La esperanza de vida de los consumidores de vino fue dos años mayor que la de los consumidores de otras bebidas alcohólicas. Los hombres con un consumo de alcohol a largo plazo de menos o igual a 20 gramos al día tenían una esperanza de vida superior en más de un año y medio en comparación con los que no tomaban nada de alcohol.
Fuente: Europa Press


miércoles, 28 de febrero de 2007


España ocupa el duodécimo puesto de la Unión Europea en atención a los derechos de los pacientes, según un informe presentado hoy por la organización Carta Europea de los Derechos de los Pacientes. Evitar el sufrimiento y el dolor innecesario, la innovación, la compensación y el acceso a la atención sanitaria son los derechos de los pacientes que debe priorizar España, afirma el citado informe. Alemania, Francia, Bélgica o Países Bajos son los países de la UE que encabezan la clasificación de índices de atención a los derechos de los pacientes, mientras que Portugal y Grecia están, junto a España, a la cola. En términos generales, los derechos a la libre elección, al acceso a la atención y a respetar el tiempo del paciente son los peor valorados en el ámbito europeo, ya que "no cuentan con el reconocimiento legislativo suficiente y carecen de datos estadísticos procedentes de fuentes oficiales", según se desprende del informe. El estudio subraya que "no existe correlación entre el número de leyes y el nivel de atención a los derechos de los pacientes". "Las leyes no sólo tienen que ser proclamadas y aplicadas en los tribunales, sino que deben ir acompañadas de políticas efectivas que cuenten con el apoyo de todos los actores implicados en la atención sanitaria", dice el informe.


Fuente: Servimedia

lunes, 26 de febrero de 2007


Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.
De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella.
Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.
Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores.A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: “Pero qué chiflados están los europeos


Fuente: Atrio

domingo, 25 de febrero de 2007

La Vida de los Otros


El escritor es un ingeniero del alma humana (Iósiv Visariónovich Dzhugachvili Stalin)


Tuve una buena recomendación que seguí al pie de la letra acudiendo a la sala de cine lo antes que pude. Es cierto que estamos bombardeados por la industria americana pero afortunadamente, Madrid es una ciudad que cuenta con suficientes salas como para permitir que se cuele una brizna de aire no impregnada por el celuloide made in Hollywood, con todos mis respetos a la gran fábrica de sueños, sin la que mi vida habría sido mucho más aburrida.

“Mucha gente que tenía trabajos normales tuvo miedo de la Stasi, miedo de sus 100.000 funcionarios, que pensaban habían sido cuidadosamente entrenados para investigar “la vida de los otros”, la vida de todos aquellos que pensaban de forma distinta, que tenían un espíritu demasiado libre y, sobre todo, la vida de los artistas y de la gente que trabajaba en disciplinas artísticas. Los personajes de la película se hacen preguntas sobre cómo tratar con el poder. La vida de los otros trata sobre la capacidad de los seres humanos para hacer lo correcto, sin que importe lo lejos que se hayan adentrado por el sendero equivocado”.

No hay más remedio que estar de acuerdo con las conclusiones del propio director que de niño visitó Berlín Este y la RDA (antigua República Democrática Alemana) y percibió el miedo de sus padres cuando pasaban la frontera. Él mismo admite que sin esas emociones vividas le habría sido difícil abordar de esta forma el tema. De todas formas, esta información sólo corrobora un hecho que se percibe de forma clara en la cinta.

En definitiva, y al margen de que las actitudes que abanderan aquéllos que terminan por cambiar el rumbo de la historia tanto desde un lado de la línea, como desde el otro, o necesariamente desde los dos y que tan bien queda reflejado en el largometraje, así como las víctimas que quedan atrapadas en medio y sin salida, si algo ha demostrado la historia de la humanidad, es que el anillo del poder no sólo pesa en las dictaduras, aunque sean comunistas, y no es nocivo sólo en algunos casos. Lo tenemos también en las sociedades democráticas, escondido bajo un ridículo disfraz de libertad.